La historia de un soldado
Yo, un hombre normal, que había pasado toda mi
vida siendo protegido por las personas que me rodeaban, decidí enlistarme a la guerra ya que desde que
era un niño ese mismo enemigo amenazaba a personas cercanas a mí, muchas veces
a mis padres y familiares. El conflicto existía desde entonces pero por primera
vez tuve el coraje y la valentía para querer acabar con ella. Tuve el valor que
no todas las personas tienen. Estaba dispuesto a defender mi territorio, mi
país, mi tierra, el lugar donde nací y
del que me enamoré. Así que un mes antes del inicio de esta me enlisté en ella.
Mientras el mes corría, las reuniones y
entrenamientos hicieron que todos los nuevos reclutas, como yo, aprendieran tácticas y se relacionaran entre sí. Ellos me contaron que el campo de
batalla sería una sabana. Un terreno con pros y contras para la batalla. Nunca
habría imaginado que en esa guerra conocería al capitán más determinado y de
buen corazón.
Él era el capitán de mi pelotón, y aunque no
quería admitirlo se echaba de ver que era su primera vez al mando y que estaba muy nervioso. A él ya lo había
visto la noche antes preparando las herramientas a usar y me pareció que estaba
buscando a alguien. Me llamó mucho la atención; porque de entre todos los
capitanes él sobresalía. Un hombre pequeño, pero con una chispa de determinación en los
ojos, no se encuentra en cualquier lado, menos en una guerra.
En mi vida, no se me hubiera ocurrido que
alistar mi maleta, mis armas, levantarme tan temprano y estar listo para el
envío fuera tan solo el comienzo de tan impactante guerra. Esta experiencia me
enseñó la importancia de hacerme responsable de mi realidad y el orgullo de
colocar mi mano sobre mi pecho y entonar el himno de mi nación.
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