miércoles, 3 de julio de 2013

La guerra más impactante: Capítulo 2


La guerra más impactante:
El pelotón

Llegado el día del comienzo, todo el cuerpo militar se reunió para el envío. Capitanes, generales, tenientes y soldados estaban allí; incluyéndome. Fue un tremendo gusto y un gran orgullo colocar mi mano sobre  mi pecho y entonar el himno que nos enviaba a la batalla.
Durante el trayecto hacia el fuerte de combate yo, uno de los capitanes recién ascendidos, pasé todo el camino planeando estrategias para mi primera batalla al mando. Así como me habían aconsejado mis colegas, decidí que la mejor táctica sería ir despacio, conocer al enemigo, medir su capacidad y no dar ningún paso en falso. Ya decidida mi estrategia me sentía seguro y listo.

Al llegar a nuestro destino, tanto los soldados como víctimas con los que había trabajado dos semanas atrás estaban esperándonos. Estaba muy feliz de verlos y saber que durante esas dos semanas habían podido sobrevivir. Pero hubo algo que me llamó la atención. Mientras mis superiores y los otros soldados convivían me di cuenta que esa mujer, la que era casi tan radiante como el Sol, no estaba en ese lugar. Asumí que ya era muy noche para que saliera de su casa y que prefirió cuidar a su familia.

En la última reunión que se tuvo esa noche alistamos las armas de mano para que a la mañana siguiente todo fuera más sencillo para el ataque. Era una noche fría pero tranquila, muy típica de las sabanas. Mis superiores decidieron que debíamos relajarnos antes de la gran batalla así que para la última reunión solo se discutieron ciertos puntos y nos ordenaron dormir. Yo apenas pude cerrar los ojos de tanto pensar y los únicos dos pensamientos que rotaban en mi cabeza eran: la emoción de tener mi primer pelotón y el miedo de perderlos ante el enemigo.

Afortunadamente la noche pasó rápido y aunque no había dormido bien, la mañana trajo consigo el inicio de lo que podría ser el fin del enemigo. Todos nos levantamos al alba y ordenados por filas tanto soldados como capitanes estábamos listos. Al fin había llegado el momento que tanto había estado esperando… me sentía tan ansiosa pero nerviosa, contenta pero temerosa, con ganas de salir a comerme el campo de batalla pero cuidadosa… por fin iban a entregarme a mi pelotón.

Nunca voy a olvidar esas siete personas que junto a mi hombro trabajaron, lucharon y sudaron sin parar.

Yo fui el tercer capitán en obtener a sus soldados y mientras me los asignaban en mi mente les hice una promesa: no voy a dejar que ninguno fallé en su misión,  pero tampoco yo voy a fallar en la mía dejándolos morir. En realidad, prefería morir  primero.

Para mi sorpresa, mis superiores dieron a cada pelotón y a cada capitán un tiempo para conversar. Yo no tenía idea de que en las guerras esos espacios existieran porque cuando era soldado solamente convivía con mi capitán durante el conflicto. No podía mostrar inseguridad ante mi pelotón (aunque por dentro estuviera más asustada que un gatito lejos de su casa) así que respire un poco de coraje e hice algo que en ninguna guerra había hecho, les hablé con total sinceridad (omitiendo la parte de lo asustada que estaba) y ellos contestaron de la misma manera. En ese momento mi pelotón me dio mi primera lección, en cualquier momento de la vida por más inapropiado que parezca (una guerra por ejemplo) el ser humano no debe de dejar su lado humano de lado.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario