Los
pasos para la guerra
Primero sucedió el envío. Allí tanto soldados
como capitanes, tenientes y generales se reunieron, escucharon un pequeño
discurso y se despidieron de sus respectivas familias. El nuevo capitán llegó
solo, concentrado, como si todo de lo que tendría que haberse despedido ya lo
hubiera hecho, muy serio pero decidido. En la plaza donde todos los
participantes de la batalla estaban reunidos podía olerse el orgullo y la valentía.
Este olor fue mucho más intenso en el momento en que todos los guerreros
unieron sus voces para el himno.
Luego, acabado
ese momento, los guerreros se dirigieron al transporte y durante el trayecto
hacia el fuerte de batalla, los soldados gritaban, jugaban, convivían y
disfrutaban lo que podría ser su último momento sin tensiones. Entre toda la
alegría podía observarse un alma muy concentrada. Era el capitán. Él estaba muy
nervioso y ansioso ya que desde que era tan solo un soldado su sueño era ser
ascendido y no estaba dispuesto a fallar en su primera misión. Por esa razón
pasó todo el camino imaginando estrategias. Pensó en realizar un trabajo rápido
y eficiente pero al final pudo más el trabajo lento y bien ubicado, justo como
su personalidad.
Al llegar al fuerte acató todas las órdenes
dadas. Desde mantener la herramienta lista hasta acostarse temprano y
prepararse para el combate. Aunque esta
última fue la más difícil de cumplir porque su ansiedad era tanta que apenas
pudo cerrar los ojos.
Por último, a la mañana siguiente llegó el
momento que el capitán había esperado tanto. Por fin iban a entregarle a su
pelotón.
Su ansiedad era extrema pero fue apaciguada
prontamente ya que fue el tercer capitán en recibir a su pelotón. En ese
instante su corazón saltó de rebozo y aunque sentía que se le iba a salir, les
habló a sus soldados como si los conociera desde hace tiempo. Les abrió su
corazón y les prometió que a ninguno de los siete iba a dejarlos morir. Antes
de eso, prefería morir él primero. Tanto soldados como capitán tuvieron una
conexión muy fuerte desde ese momento y eso se hizo evidente desde ese instante
hasta el fin de la guerra.
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