miércoles, 3 de julio de 2013

La guerra más impactante: Anexo 2


Los pasos para la guerra

Primero sucedió el envío. Allí tanto soldados como capitanes, tenientes y generales se reunieron, escucharon un pequeño discurso y se despidieron de sus respectivas familias. El nuevo capitán llegó solo, concentrado, como si todo de lo que tendría que haberse despedido ya lo hubiera hecho, muy serio pero decidido. En la plaza donde todos los participantes de la batalla estaban reunidos podía olerse el orgullo y la valentía. Este olor fue mucho más intenso en el momento en que todos los guerreros unieron sus voces para el himno.

 Luego, acabado ese momento, los guerreros se dirigieron al transporte y durante el trayecto hacia el fuerte de batalla, los soldados gritaban, jugaban, convivían y disfrutaban lo que podría ser su último momento sin tensiones. Entre toda la alegría podía observarse un alma muy concentrada. Era el capitán. Él estaba muy nervioso y ansioso ya que desde que era tan solo un soldado su sueño era ser ascendido y no estaba dispuesto a fallar en su primera misión. Por esa razón pasó todo el camino imaginando estrategias. Pensó en realizar un trabajo rápido y eficiente pero al final pudo más el trabajo lento y bien ubicado, justo como su personalidad.
Al llegar al fuerte acató todas las órdenes dadas. Desde mantener la herramienta lista hasta acostarse temprano y prepararse para el combate.  Aunque esta última fue la más difícil de cumplir porque su ansiedad era tanta que apenas pudo cerrar los ojos.

Por último, a la mañana siguiente llegó el momento que el capitán había esperado tanto. Por fin iban a entregarle a su pelotón.

Su ansiedad era extrema pero fue apaciguada prontamente ya que fue el tercer capitán en recibir a su pelotón. En ese instante su corazón saltó de rebozo y aunque sentía que se le iba a salir, les habló a sus soldados como si los conociera desde hace tiempo. Les abrió su corazón y les prometió que a ninguno de los siete iba a dejarlos morir. Antes de eso, prefería morir él primero. Tanto soldados como capitán tuvieron una conexión muy fuerte desde ese momento y eso se hizo evidente desde ese instante hasta el fin de la guerra.   

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