viernes, 7 de junio de 2013

La guerra más impactante: capítulo 1


La guerra más impactante:
El comienzo de la historia

Todo empezó en un fin de semana normal. Bueno, no tan normal. Ese, el que sería el inicio de una gran historia, era uno de los días más felices y emocionantes; ya que por primera vez sería yo una de las protagonistas de esta historia.  

Me levanté el sábado muy temprano, me bañé, me arreglé y me preparé para salir al centro de operaciones. En mi maleta llevaba una mudada extra, champú, sábanas, anti mosquitos, anti sol y una de mis armas más poderosas. No creí que con tanta cosa, aún me quedara espacio para muchos recuerdos.  Al llegar al centro me reuní con otros que, al igual que yo, estaban preparados para alistar las herramientas que se utilizarían en el campo de batalla dos semanas después.

En el traslado de la casa matriz al campo de batalla nosotros, los guerreros, disfrutamos el camino hablando, cantando, revoloteando y preparando psicológicamente a los nuevos reclutas; así como los buenos soldados que somos. Al llegar, la primera instrucción de mi superior fue conocer los alrededores.  Caminé por muy poco tiempo dentro de la sabana árida, extensa y seca ya que el sitio de combate ya era conocido para mí, porque ya había luchado una guerra en ese lugar. Luego de eso empezó el verdadero trabajo. Junto con los otros soldados descargamos el material, preparamos los terrenos y conocimos el que sería el fuerte por tres días. Mientras trabajábamos, tuvimos la oportunidad de conocer a otros guerreros y a algunos afectados. Entre ellos mujeres y niños.

Durante el paso del día, el sol se hacía más y más intenso y eso dificultaba nuestro trabajo, pero a pesar de todo no dejamos de trabajar. Al contrario, trabajábamos mucho más duro porque de poco en poco más soldados se reunían y el trabajo entre colegas se hacía más ameno.  Luego del descargue del material más pesado llegó el momento en que todo ser humano debería de tener la oportunidad de poseer siempre, la comida del mediodía. Quién iba a decir que en ese espacio todos los guerreros iban a convertirse en cantantes gracias al soldado más experimentado y a su fiel acompañante acústica. En ese tiempo nos presentamos, comimos, cantamos, dormimos, platicamos y hasta jugamos. Fue allí donde me di cuenta que a pesar de luchar en diferentes lados y de diferentes formas, todos éramos iguales.     

Pasado el almuerzo, volvimos al trabajo y mantuvimos ese ritmo hasta que cayó el sol. Nosotros, los soldados extranjeros, regresamos al fuerte y gracias a la naturaleza llegó a nuestra piel la más refrescante lluvia. Esa noche, fue terroríficamente hermosa.

El general decidió que debíamos conocer a profundidad la razón por la que íbamos a entablar la lucha y por eso nos mostró imágenes sobre cómo el enemigo había destruido la comunidad en la que estábamos. Las imágenes eran horribles.  Yo estaba totalmente aterrorizada, indignada, me sentía con tanta impotencia al ver cómo el enemigo día con día obligaba a las personas de la comunidad a trabajar por sus vidas. Ese fue uno de los momentos más angustiantes que he tenido en la vida. Por primera vez en mi historia como soldado, pasó por mi mente la pregunta ¿seremos capaces de derrotar al enemigo y devolverle a esta gente la esperanza de la vida? Justamente estaba pensando en eso cuando el general me interrumpió con un grito. Pero no fue un grito de reprensión, fue un grito de aliento. Con ese grito, la noche giró porque solamente bastó esa acción para que me dieran ganas de tomar mi arma y salir corriendo a defender esa tierra.

A la mañana siguiente todo el cuerpo militar se reunió por última vez. Esta reunión fue el gran desenlace del comienzo de esta gran historia. Todos los soldados compartimos estrategias de batalla. Como era mi primer combate luego de que me ascendieran, todos los de igual rango que yo se me acercaron y compartieron sus experiencias. Algunos me dijeron que para acabar con el enemigo lo mejor era ir despacio y ser muy calculador. Otros por su parte, me recomendaron que todo mi pelotón atacara al mismo tiempo ya que el mejor ataque es la mejor defensa.

Luego de tantas opiniones decidí alejarme y vagar por el que sería el campo de batalla pensando cuál sería la mejor estrategia. Durante ese camino me topé con una de las víctimas de la tiranía del enemigo. Me acerqué a hablarle y me sorprendí tanto porque a pesar de ser una víctima no actuaba como tal. Regularmente las víctimas de las guerras poseen heridas abiertas o cicatrices de estas, también cargan con un aura depresiva, a penas pueden caminar y les aterra regresar al campo que los hirió tanto. Ella no, ella era absolutamente todo lo contrario.  Me basta con decir que ella era casi tan reluciente como el sol.

Hablé con ella casi cuatro horas y durante ese tiempo no me aburrí ni un solo segundo. Ella tenía tanto que contarme a mí, un simple extraño. La plática era tan amena hasta que llegó mi superior para darme las últimas instrucciones antes de retirarnos… nunca olvidaré lo que salió de su boca ese día y mucho menos lo que sucedió después. Él dijo que la parte del campo que a mí y a mi pelotón nos tocaba proteger era justamente donde esa chica y su familia vivían. Al escuchar esto, ella se me tiro encima y se echó a llorar.  

Fue así como inició la historia de la guerra más impactante de mi vida.

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